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El daño causado por la apatía política de los artistas en el contexto cubano y sus implicaciones sociales, culturales y políticas.


La apatía política de los artistas en el contexto cubano genera un impacto devastador en la lucha por la libertad y el cambio social en la isla, incluso sin que ellos pretendan causar daño. A través de su silencio, falta de compromiso o evasión de la realidad política, los artistas contribuyen involuntariamente a la perpetuación de la represión y la censura. El arte es una de las herramientas más poderosas para la transformación social, y la neutralidad o la indiferencia de aquellos con influencia sobre la conciencia pública no solo refuerza el estancamiento del cambio, sino que legitima de manera implícita un sistema que oprime a su propio pueblo. . La falta de compromiso de los artistas con la realidad de su nación afecta profundamente a la sociedad cubana en varios niveles: político, cultural, moral y emocional.


1. El arte como herramienta de cambio social

El arte ha sido históricamente una forma de resistencia frente a la opresión. Movimientos sociales como la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, la resistencia al apartheid en Sudáfrica o las revoluciones latinoamericanas encontraron en los artistas aliados clave para denunciar injusticias y movilizar a las masas. En Cuba, donde la dictadura controla férreamente la expresión pública, los artistas tienen la capacidad única de romper el cerco informativo y transmitir mensajes que cuestionan el statu quo. Sin embargo, cuando los artistas eligen la apatía política, esa capacidad transformadora se convierte en complicidad pasiva con la opresión.


La apatía, aunque no siempre consciente, es un acto que desactiva el poder del arte como vehículo de denuncia y movilización social. El público que sigue a estos artistas percibe la falta de postura crítica como una señal de que el sufrimiento cotidiano no es lo suficientemente importante como para ser abordado. Esto no solo perpetúa el estado de represión, sino que normaliza la falta de derechos y la represión estatal como un "hecho de la vida", desincentivando el cambio.


2. La legitimación implícita del régimen


Cuando los artistas cubanos permanecen callados ante las injusticias o, peor aún, participantes en eventos patrocinados por el régimen, aunque sea con la intención de "solo entretener", se convierten en parte del aparato de legitimación de la dictadura. El Estado cubano, que controla los medios de comunicación y la producción cultural, utiliza a estos artistas como símbolos de normalidad y estabilidad, proyectando una imagen de tranquilidad que contrasta con la realidad de un país en crisis.


La participación de artistas en conciertos y eventos públicos en Cuba es promovida por el régimen como prueba de que la nación sigue vibrante, culturalmente activa y políticamente estable. Cada concierto, exposición o premiación donde el artista ignora la crisis política y social cubana refuerza la propaganda del régimen . De esta manera, el arte, que debería ser una forma de expresión libre, se convierte en una herramienta para ocultar la verdad, creando una narrativa falsa para los ciudadanos y el mundo exterior.


3. El impacto en el público: desilusión y desesperanza


El público cubano, especialmente los jóvenes, busca en los artistas inspiración, fuerza y ​​modelos a seguir. En una sociedad tan controlada como la cubana, las figuras públicas tienen un peso moral y cultural significativo. Cuando esos mismos íconos, que podrían utilizar su voz para denunciar injusticias, eligen no hacerlo, generan una sensación de abandono entre sus seguidores. La falta de compromiso político de los artistas erosiona la esperanza del público , que ve cómo aquellos con la capacidad de influir positivamente en la sociedad optan por la indiferencia.


Esta desilusión tiene consecuencias profundas. Cuando las personas sienten que incluso sus ídolos culturales han abandonado la lucha, se fomenta un sentimiento de impotencia que desactiva cualquier impulso de rebelión o resistencia. Este fenómeno contribuye a la desmovilización social, ya que las personas comienzan a creer que el cambio es imposible si ni siquiera los artistas se atreven a desafiar el sistema.


4. Fomento de la desconexión cultural


Los artistas que eligen la apatía política también contribuyen a una desconexión cultural entre el arte y la realidad social. En lugar de ser un reflejo de la vida cotidiana de la gente, el arte cubano se convierte en un espacio artificial que ignora las preocupaciones más urgentes de la sociedad. Al optar por una visión escapista o apolítica, los artistas se distancian de su público, lo que lleva a una fractura en la relación entre la cultura y la sociedad.


Esto no solo afecta a la producción cultural actual, sino que crea un vacío histórico. El arte cubano contemporáneo, al evitar los temas políticos , corre el riesgo de convertirse en irrelevante frente a la historia futura. En lugar de ser recordado como una fuerza de resistencia, como lo fue en los años de la revolución o durante el auge del Movimiento de la Nueva Trova, el arte se convierte en un espacio de evasión que no deja un legado de transformación.


5. Ignorancia e irresponsabilidad: consecuencias de la evasión


La ignorancia o la indiferencia ante la realidad política cubana no es inocua. Aunque los artistas no pretenden hacer daño, su silencio tiene consecuencias tangibles. La falta de compromiso perpetúa la represión , contribuye a la censura y dificulta la visibilidad internacional de la crisis cubana. A nivel individual, cada artista que elige el silencio está contribuyendo a la desconexión entre el arte y la vida, privando a la sociedad de uno de sus motores de cambio más poderosos.


La irresponsabilidad de ignorar la realidad política también envía un mensaje equivocado a las futuras generaciones de artistas: que es posible tener éxito sin cuestionar el entorno opresivo en el que viven. Esto crea una cadena de apatía que se perpetúa, debilitando el potencial de la cultura cubana como fuerza de resistencia.


Conclusión


La apatía política de los artistas cubanos, aunque no esté motivada por una intención maliciosa, tiene consecuencias profundas y duraderas en la sociedad cubana. Los artistas, por su naturaleza influyente, tienen el poder de transformar, movilizar y despertar conciencias, pero su falta de compromiso refuerza el control del régimen, fomenta la desilusión y desconexión entre el arte y la realidad, y contribuye a la perpetuación de la represión. . En un contexto donde cada voz es importante, el silencio es una forma de complicidad. Para que Cuba pueda aspirar a la libertad y la justicia, sus artistas deben reconocer el poder que tienen y la responsabilidad que conlleva su influencia. El arte no puede, ni debe, desligarse de la realidad política.



1 comentario


Pablosky Rosales
Pablosky Rosales
01 oct 2024

Buen artículo ! La neutralidad de los artistas cubanos ante la dictadura NO es moralmente aceptable !! Neutralidad es complicidad y con ella contribuyen a desviar la atención sobre la terrible represión que sufren artistas críticos del régimen como Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero entre otros !!

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